viernes, 23 de noviembre de 2007

LA GUERRA A MUERTE

Pasado el invierno de 1819,en septiembre recomienza Benavides su segunda campaña con una fuerza de novecientos hombres bien montados y una banda numerosa de indios atraídos por las expectativas del saqueo. Cuenta, además, con varios oficiales españoles y un estado mayor de curas y misioneros, realistas fanáticos. Desde Arauco hasta san Carlos se combate en todas partes. Chillan es saqueada por los hermanos pincheira y salvo concepción, ciudad defendida por freire, no queda un pueblo de esa vasta región que no lamente alguna crueldad de aquella montonera de indios y bandidos.

En nombre del rey, el gobernador de valdivia ha dicho a Benavides al principio de su campaña: “!todo extranjero debe morir inmediatamente” . Benavides, por su parte, ordena matar a todo insurgente donde sea tomado. El virrey del Perú le envía socorros para que continúe esa guerra salvaje, a fin de que ella impida la expedición al Perú.
Freire, con escasas tropas, estas sin armas y sin paga, triunfa, sin embargo, en todas partes; pero en combates que nada pueden resolver. A este penoso y largo periodo se le da el nombre de la “guerra a muerte” , porque a la par que Benavides saquea, incendia poblaciones, acecina a los hombres y se lleva a las mujeres, los patriotas, enfurecidos, tampoco dan cuartel a ningún montonero.

No obstante, esta situación casi no preocupa ánimo publico. El gobierno socorre a Freire como puede. En Santiago, todos están embargados por la soñada expedición al Perú.
En 1820, Manuel Picó, segundo de Benavides, con mil quinientos hombres derrota en Yunvel a los cazadores y destroza en Pangal la división que comanda don Carlos Maria O’Carol, el que es fucilado. Benavides, unido a Picó, ataca en Tarpellanca al mariscal don Andrés alcázar, cuando se retira custodiando a los pobladores de Yumbel. Después de un día de combate, Alcázar acepta rendirse a condición de que se respete la vida de los suyos. Benavides asÍ lo promete; pero después de incorporar a su ejército las plazas del batallón Coquimbo, hace acecinar a todos los paisanos comprometidos. En seguida, Alcázar, los diecisiete oficiales del Coquimbo, el comandante Ruiz y cinco capitanes más, son bárbaramente ejecutados a lanza y bala.

Freire, estrechado de cerca por la turba vencedora, se retira a Talcahuano con las familias de Concepción, ocupada esta ultima ciudad por Benavides, este establece allí un remedo de gobierno. Al propio tiempo, los pincheiras vuelven a saquear chillan y san Carlos, y Picó incendia los Ángeles, Nacimiento, Purén, Santa Bárbara y Tucapel, cometiendo toda clase de pillajes y violaciones.

Santiago abre entonces los ojos ante tantos horrores. El gobierno socorre a Talcahuano y envía el Coronel Don Joaquín Prieto pata que detenga en Itata el paso de Benavides a la capital. Pero de nada hubiera servido todo eso si el General Freire , sacando fuerzas de flaqueza, no hubiera cambiado el curso de los sucesos con dos arranques de heroica desesperación. Viendo avanzar a Benavides por la vegas de Talcahuano.
Benavides deja allí ciento cincuenta muertos y treinta prisioneros. Dos días después, el 27 de noviembre de 1820, Freire lo aplasta por completo en la Alameda de Concepción, donde quedan trescientos muertos y doscientos prisioneros realistas, y vuelven a la filas patriotas los soldados de Coquimbo.

Con estos triunfos se recuperan la mayor parte de la provincia de Concepción, Freire, en vez de perseguir a los vencidos, se deja engañar por las promesas de paz que le hace Benavides para ganar tiempo y a mediados de diciembre, Picó después de azolar comarcas enteras, amenaza a Chillán con cerca de dos mil quinientos hombres; mas prieto lo obliga a retirarse.
En 1821, Benavides, que ha hacho de la plaza de Arauco el centro de su gobierno ambulante, se apodera por sorpresa de cuatro buques mercantes, unos de los cuales le proporcionan víveres, ropa y armas en abundancia. Entre tanto, Concepción sufre los estragos del hambre. “Las tropas estaban desnudas; los enfermos recibían un pan al día y muchas veces eran las once de la mañana no había cosa alguna que dar a los soldados”.


En octubre, Benavides, bordeando la cordillera, se acerca Chillán con ánimo de seguir al norte; pero batido y dispersado por prieto en vegas de salvias, regresa a Sur, en esta retirada se le dispersa la mayor parte de su banda, después de vagar algún tiempo por los bosques, Benavides se embarca en una lancha con su esposa y familia, pensando llegar asta el Perú; pero a los pocos días es entregado en Topocalma por uno de los tripulantes. Chillán y Concepción se disputan el derecho de ajusticiarlo. Finalmente; es ahorcado como ladrón en la plaza de Santiago en Febrero de 1822.
Esto no tranquiliza la frontera: muchos indios quedan alzados y es preciso continuar la guerra, en la que luego comienza a distinguirse el capitán Manuel Bulnes, veterano de 22 años de edad.
La “guerra a muerte” de Benavides no a logrado impedir la partida de la expedición al Perú, como le ha pedido el virrey. No obstante, a hecho a Chile todo el daño posible, obligando al gobierno a dividir su atención y sus recursos entre la guerra de Arauco y el ejército que ya expedición en el Perú desde septiembre de 1820.

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