Durante los años coloniales de 1600 a 1810 Españoles y Mapuche protagonizaron historias comunes y particulares bajo un espacio geográfico que se conoce como “La Frontera”. El punto de contacto de dos naciones, cada una en su territorio con un idioma diferente, pero con una economía común. Hubo levantamientos Mapuche y expediciones punitivas españolas, hubo parlamentos y tratados, hubo conchavo (trueque) y negocios. Los Mapuche se habían convertido en maestros del caballo y hacían viajes de años a las pampas del otro lado de la cordillera en busca de ganados y de sal, salían jóvenes y volvían adultos a comerciar sus productos ganaderos por plata en metal. Los españoles exportaban cuero y cebo, charqui, vendían ponchos y mantas que los mapuche les intercambiaban.
El Rey de España reconoció en los Mapuche una nación y un territorio con leyes propias. Se convirtieron en aliados políticos frente a holandeses e ingleses y los sacerdotes católicos, en las misiones y escuelas, educaron a algunos de sus hijas e hijos. El tráfico por la Costa de la Araucanía, entre Concepción y Valdivia, de los españoles siempre fue permitido a las misiones y sacerdotes.
El Rey de España reconoció en los Mapuche una nación y un territorio con leyes propias. Se convirtieron en aliados políticos frente a holandeses e ingleses y los sacerdotes católicos, en las misiones y escuelas, educaron a algunos de sus hijas e hijos. El tráfico por la Costa de la Araucanía, entre Concepción y Valdivia, de los españoles siempre fue permitido a las misiones y sacerdotes.

EL DESASTRE DE CURALABA
El 21 de diciembre de 1598 estando en La Imperial con sus fuerzas reunidas recibió un aviso de que el fortín de Longo toro en Purén había sido asaltado y exterminado el contingente. Resolvió salir desde La Imperial rumbo a Angol con una exigua fuerza de 50 soldados y alrededor de 300 yanaconas. Se le había advertido de los síntomas evidentes de rebelión y que los indígenas huilliches estaban al mando de los caciques Anganamón y Pelantarú. Un cacique amigo llamado Naucopillán advirtió a uno de los capitanes de Oñez de Loyola del peligro para que desistiera del viaje o bien aumentara sus fuerzas a lo que el gobernador se negó, ignorando las advertencias, quizás pensando que una mayor fuerza visible sería confundida con una de las temidas expediciones punitivas de Sotomayor por los indígenas.
A dos jornadas resolvió acampar en Curalaba, a orillas del río Lumaco prescindiendo de toda medida de precaución de avance en territorio enemigo: no apostó guardias, no reconoció los alrededores y permitió a su gente vivaquear y dormir tranquilamente.
En la noche del 23 de diciembre de 1598, tres escuadrones indígenas conducidos por Anganamón, Pelantarú y Gauiquimilla se acercaron al campamento español y esperaron la amanecida. Cuando se tocaba la diana, los indígenas cayeron sobre el campamento y la contienda se trastocó en una carnicería salvaje. Oñez de Loyola solo alcanzo a defenderse bravamente pero cayó abatido junto a sus capitanes, perecieron la totalidad de los yanaconas, 48 españoles incluido el gobernador que fue decapitado, extraído su corazón al igual que Valdivia y su cráneo llevado como trofeo de guerra junto a los de sus soldados.
Solo salvó un soldado, Bernardo Pereda, que se refugió en unos matorrales haciéndose el muerto. Llegó a La Imperial dos meses después prácticamente en los huesos para contar lo sucedido al gobernador. Oñez de Loyola, gracias a su ingenuidad pasó a ser el segundo gobernador muerto por los naturales.
El desastre de Curalaba encendió la guerra de Arauco con una fuerza incontenible en toda la región, las consecuencias de esto fueron la destrucción de Valdivia, el despoblamiento de la ciudad de Arauco, la destrucción de Villarrica y Santa Cruz, los sitios de Angol y La Imperial que finalmente tuvieron que ser abandonadas, la destrucción de Boroa, Quilacoya y Osorno.
Chillán fue atacada el día 9 de octubre de 1599 resultando muertos 4 españoles y llevándose los indios 30 mujeres y niños. La cifra total de muertos ascendía ya a 200 españoles, siete ciudades arrasadas, sitiadas o despobladas. En esta etapa de la guerra se apuntan casos de españoles pasándose al bando indígena para ir a ofrecerse como esclavos. Los mapuches fortalecieron su alianza con los huilliches, formando una fuerza coherente que atacó en forma metódica los asentamientos hispanos. El panorama era mucho más grave que en los tiempos de Valdivia
El 21 de diciembre de 1598 estando en La Imperial con sus fuerzas reunidas recibió un aviso de que el fortín de Longo toro en Purén había sido asaltado y exterminado el contingente. Resolvió salir desde La Imperial rumbo a Angol con una exigua fuerza de 50 soldados y alrededor de 300 yanaconas. Se le había advertido de los síntomas evidentes de rebelión y que los indígenas huilliches estaban al mando de los caciques Anganamón y Pelantarú. Un cacique amigo llamado Naucopillán advirtió a uno de los capitanes de Oñez de Loyola del peligro para que desistiera del viaje o bien aumentara sus fuerzas a lo que el gobernador se negó, ignorando las advertencias, quizás pensando que una mayor fuerza visible sería confundida con una de las temidas expediciones punitivas de Sotomayor por los indígenas.
A dos jornadas resolvió acampar en Curalaba, a orillas del río Lumaco prescindiendo de toda medida de precaución de avance en territorio enemigo: no apostó guardias, no reconoció los alrededores y permitió a su gente vivaquear y dormir tranquilamente.
En la noche del 23 de diciembre de 1598, tres escuadrones indígenas conducidos por Anganamón, Pelantarú y Gauiquimilla se acercaron al campamento español y esperaron la amanecida. Cuando se tocaba la diana, los indígenas cayeron sobre el campamento y la contienda se trastocó en una carnicería salvaje. Oñez de Loyola solo alcanzo a defenderse bravamente pero cayó abatido junto a sus capitanes, perecieron la totalidad de los yanaconas, 48 españoles incluido el gobernador que fue decapitado, extraído su corazón al igual que Valdivia y su cráneo llevado como trofeo de guerra junto a los de sus soldados.
Solo salvó un soldado, Bernardo Pereda, que se refugió en unos matorrales haciéndose el muerto. Llegó a La Imperial dos meses después prácticamente en los huesos para contar lo sucedido al gobernador. Oñez de Loyola, gracias a su ingenuidad pasó a ser el segundo gobernador muerto por los naturales.
El desastre de Curalaba encendió la guerra de Arauco con una fuerza incontenible en toda la región, las consecuencias de esto fueron la destrucción de Valdivia, el despoblamiento de la ciudad de Arauco, la destrucción de Villarrica y Santa Cruz, los sitios de Angol y La Imperial que finalmente tuvieron que ser abandonadas, la destrucción de Boroa, Quilacoya y Osorno.
Chillán fue atacada el día 9 de octubre de 1599 resultando muertos 4 españoles y llevándose los indios 30 mujeres y niños. La cifra total de muertos ascendía ya a 200 españoles, siete ciudades arrasadas, sitiadas o despobladas. En esta etapa de la guerra se apuntan casos de españoles pasándose al bando indígena para ir a ofrecerse como esclavos. Los mapuches fortalecieron su alianza con los huilliches, formando una fuerza coherente que atacó en forma metódica los asentamientos hispanos. El panorama era mucho más grave que en los tiempos de Valdivia
1 comentario:
buena historia
amiguis que queri
que te diga si esta
todo bakan tu blog
ya chaito y cuidate mucho...
hay nos vimos...
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